Oración del corazón viernes de la vigésima octava, semana del tiempo ordinario. Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones y quiero ser siempre docir a vuestras santas inspiraciones o santo espíritu Dignaos formarme con María y a María según el modelo de vuestro amado Jesús, Gloria, al padre creador, al hijo de redentor Gloria, al espíritu Santo santificador. Amén hoy celebramos a San Honorio, a Bath el Evangelio de San Lucas, capítulo doce versículos uno al siete. En aquel tiempo, miles y miles de personas se agolpaban hasta apesarse vos a otros. Jesús empezó a hablar, dirigiéndose primero a los discípulos, cuidado con la lavadura de los fariseos, o sea, su hipocresía. Nada hay cubierto que no llegas a descubrirse. Nada haya escondido que no llegue a saberse. Por eso, lo que miráis de noche se repetirá en pleno día y lo que digáis al oído en el sótano se pregonará desgracias a vosotros. Os digo amigos míos, no digáis miedo a los que matan del cuerpo, pero no pueden hacer más. Os digo os. Voy a decir a quién tenéis que temer temed a que tiene el poder para matar y después echar el infierno a éste tenéis que temer. Lo digo yo. No se vende en cinco orciones por dos cuartos, pues ni uno de esos servido de Dios hasta los perros de vuestra cabeza serán contados. Por tanto, no tenéis miedo. No hay comparación entre vosotros y los gorriones. Señor es bueno que me pregunte y te pregunte de vez en cuando, en mi oración del corazón, cuál es tu dessigno, del creador y del padre sobrevivida, cuál es tu voluntad. Yo deseo cumplirla. Estoy seguro que me responderás escuchando palabras de una forma tan hermosa. Comentaba el evangelio, este Evangelio del Papa Benedito dieciséis. Dios es tan grande, decía que tiene también sitio para nosotros y el hombre Jesús, que es al mismo tiempo Dios. Es para nosotros la garantía de que ser un hombre y ser Dios, puede existir siempre vivir eternamente uno en el otro. Todo hombre, todo el hombre, toda la subidas tomada por Dios y pulficada con él, recibe la eternidad. El cristianismo no anuncia solo una cierta salvación del alma y un impreciso más allá en el que todo lo que en este mundo nos fue apreciado y querido será borrado, sino que promete la vida eterna, la vida del mundo futuro. Nada lo que es precioso y querido se perderá, sino que encontrará pinito en Dios. Todos los cabellos de vuestra cabeza serán contados un día, dijo el Jesús, un día por pronto se comprende cristianismo de una esperanza fuerte en un futuro dominoso y abra el camino hacia la realización de este futuro. Nosotros somos llamados precisamente como cristianos, a edificar este mundo nuevo, a trabajar para que se convierta un día en el mundo de Dios, un mundo que sobrepresará todo lo que nosotros sí mismos podríamos construir aquí el texto de Benito dieciséis. Normalmente, cuando se nos tropea algo en casa, el coche el ordenador un electrodoméstico. Nos inquietamos y hacemos todo lo posible para buscar una solución. Llevamos al técnico para que lo arregle, luego pagamos una cantidad de dinero y listo o si la reparación es muy cara, hacemos planes para comprarlos luego. Sin embargo, todas estas cosas no merecen cuidado que prensa nuestra vida, porque si dejamos de funcionar, quién nos arraira. Los médicos pueden lograr oraciones asombrosas, pero ninguno sabe resultar a un muerto que esto nos advierte que debemos tener temer el pecado, porque ese sí que nos puede llevar donde no queremos. Muchos santos contemplaban la consecuencia de la realidad de la muerte y se preguntaban cómo quisiera vivir yo este día. Se supiera que es el último día de mi vida. Mientras vivimos, tenemos esperanzas para salvarnos alma. Estamos aún en el tiempo para merecer las gracias que tuvo y tú para nosotros, Jesús, en su pasión y rasuración. Por eso siempre hay una oportunidad para rehacer la vida, para levantarse de la caída, pedir perdón en el sacramento de la reconciliación y seguir adelante, pensando en el final, en el encuentro definitivo con Dios. No sabida es comenza y recomenzar. No te canses de hacerlo. No te canses de hacerlo con esperanza, con fe El señor te espera en el cielo y él no es de los que dice levántate, sino que él te dar la mano y te levanta y lo hace por medio de la mano del sacerdote. Sí, de ese sacerdote quizás mires con poco a simpatía, pero que perseventemente está esperándote para que vayas a pelir. Pedr a Dios. Ten la seguridad de que le tomará de la mano y te levantará, pero tienes que ir tú, como los pide el Papa Ponte, a la escucha de Dios, que tiene un designio en el amor para cada uno de nosotros a través de la oración del corazón. Gracias, Jesús, por favor y por este momento de oración, conoces mi debilidad y cobardía ante las dificultades que me tendré que afrontar. Me preocupa el sacrificio que haré y me inquieta a saber que los resultados pueden ser contrarios a lo que espero. Ayúdame a darme cuenta de que tú estás, tú te harás con cargo de esto, que cada minuto y detalle de este día y que todo lo bueno que resulte será consecuencia de tu providencia tú dirá bendición Dios, padre y fuente de todo principio de todo bien, os concederán su gracia agarramios sobre otros, una abundante bendición, los conserve sanos y salvos donde toda la vida os mantenga dinteros en la fe os concede una esperanza generosa y nos haga perseverar en la caridad guíe de la paz tras acciones, escuche siempre vuestras piedarias y os conduzca a la vida eterna y la bensión de Dios, todopoderoso padre, hijo y espíritu santo, descienda sobre vosotros y y o acompaña siempre amén