Oración del corazón. Vienes de la segunda semana del tiempo ordinario, segundo día del octavario, por la Unidad de los Cristianos. Ven Espíritu Santo entra en mi pequeña corazón para que puedas reconocer a la grandeza del Padre de Dios y no le dé tanta importancia a mi imagen. Regálame una gran sencillez para que reconozca claramente que ya no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos Albeato María Marcelo Espínola. El Evangelio es de San Marcos, capítulo tres, versículos, trece, diecinueve. En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso y se fueron con él a doce, los hizo sus compañeros para enviarlos a predicar con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los doce Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro Santiago, el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges, los Truenos Andrés, Felipe Bartolomé Mateo, Tomás Santiago, el de Arfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote que lo entregó. Jesús está al medio de la gente, la coge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios en medio de la multitud, elige a los doce apóstoles para estar con él y sumirse con él en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue. Le escucha porque Jesús habla y actúa de un modo nuevo con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa cóbreza, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del rostro de un Dios que es amor y la gente con alegría bendice a Dios esta tarde. Nosotros somos la multitud del Evangelio. También nosotros tratamos de seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con él en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe. Pregúntate cómo sigo a Jesús. Jesús habla en silencio en el misterio de la eucaristía y cada vez que nos recuerda para que seguir lo quiere decir, salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión en nuestra, sino un don de él y a los otros. Cada construcción en el mundo tiene sus cimientos. Ninguna casa puede mantenerse en pie sin fundamentos sólidos. Es por eso por lo que, antes de iniciar a construir. Hay que acabar lo más hondo, profundo, lo más profundo posible, perdón para poner una base sons a la construcción y si se quiere una torre, entonces hay que escarbar muy profundamente para tener un buen cimiento. Lo mismo quiere hacerlo y Cristo su misión es salvar a la humanidad, pero sabe que con una vida tan corta no lo puede hacer. Por eso decide edificar una ciudad en la que pueda encontrarle en cualquier momento del día. Por eso, después de una noche de oración, en diálogo personal con su padre, pone los cimientos, los primeros fundamentos de su proyecto. Jesús no quiere estar solo, quiere compartir. Su misión, formar una comunidad, caminar con ellos los necesita y llama a algunos son los que van a acompañarle toda la vida. Y por qué los Elige. Ellos son dos parejas de hermanos, los cuadros primeros Salucas. Dice que se pasó toda la noche orando antes de elegirlos. Era un momento importante de su vida y necesitaba hablarlo con su padre de la montaña, al Labum. Así era su vida en su comienzo. Mateo nos dice que Jesús lo vio. Siempre es Dios quienes ve primeros pasamos la vida queriendo encontrarnos con el señor en nuestra vida. Nos gustaría verle acercarse a nuestra vida, tocar nuestra barca, invitar o reseguir sus pasos. Jesús sólo pide lo que podemos dar a los apóstoles. Despide seguir pescando, les invita a seguir haciendo lo que ya hacen. Jesús viene a los discípulos, a su vida, a su mundo, va hasta nuestro rincón, a nuestra vida cotidiana, a nuestro trabajo, se acerca y nos mira qué vería en ellos. Es un misterio qué ve nosotros Seguramente vio su sencillez. Su verdad. Eran sólo pescadores que no sabían nada de leyes, no hablarían especialmente bien ni ni serían quizás tan religiosos. Pero Dios se fija en su corazón sencillo y pobre. Mira aquel que cumple los trabajos fielmente. Es el trabajo pequeño y necesario. Mira al que no se cree nada especial, nadie especial y está abierto porque no cree que lo sepa. Todo se acercó y los miró. Estaban pescando en su barca, estaban en medio de su vida de lo que hacían todos los días. Jesús llega así a lo cotidiano, a la normalidad del día a día. No lo esperaban, no lo buscaban. En ese momento. No es lo mismo que el relato de Juan, en el que Andrés y Juan buscaban al maestro para saber dónde vivía aquí. Es diferente. Estaban pescando y Cristo irrumpe se hace parte de sus vidas y les abre horizontes nuevos. Qué entendieron los discípulos aquella tarde, qué vislumbraron en medio de la oscuridad, de la llamada cómo llegaron a fiarse. No les da un programa de lo que va a hacer, de qué van a vivir. No les recuerda en qué va a consistir su vida. A partir de ahora. Sólo les dice que le sigan que estén con él. Es la llamada que nos hace Jesús a cada uno de nosotros nos mira en nuestra vida. Se acerca a lo más cotidiano y rutinario, a lo diario, a nuestro lago, y ahí nos pregunta si queremos estar con él. Nos promete que le dará sentido todo, que nuestra vida tendrá más profundidad. Sencillamente, pregunta me sigues quiere que vayamos con él y nos hará pescadores de hombres ese venid conmigo. Es la crave. Ellos se fiaron, se lanzaron sin mucha lógica porque confiaban en él. Cuando escuchamos que ruricipulos lo dejaron todo inmediatamente. Nos cómo vemos, nos sorprende la prontitud, la inmediatez de la respuesta. Seríamos nosotros capaces de dejarlo todo. Estaremos dispuestos a renunciar a nuestros hábitos, a nuestros gustos para seguir sus pasos. Surgen las dudas, nos hemos acomodado, nos da miedo a arriesgar y perder. No estamos tan convencidos de la victoria final. Hacen falta muchos hombres que quieran ser pescadores de hombres, servir a otros dejarse la vida como Cristo. Son aquellos que no se reservan nada con él. No tenemos nada que temer a su lado. Podemos ganar hombres para Dios, porque pescar hombres para Dios es fascinante. Señor ayúdame a reprender siempre el camino. Quiero ser tu discípulo y apóstol y para ello necesito ser fiel cada día en los detalles, en las cosas pequeñas que valen mucho para construir la fidelidad y, por medio de ellas, la santidad de nueva mi decisión de apoyarme siempre en ti más que mis premios propias fuerzas, que acuda siempre a mis compromisos, a mi formación, a mi dirección espiritual, dispuesto a dejarme moldear por ti te doy la bendición que, señores, estén tu corazón para que sepas amar con todo él, que estén tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y posen de su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz que el señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia, para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que estén tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque motivos tengas y puedas darle a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo Amén