Oración del corazón. Sábado después de Ceniza, ven espíritu santo, enséñame a valorar el misterio de cada cosa y de cada ser humano para que les dedique el tiempo y la atención que se merecen para que pueda aprender el mensaje profundo de todo lo que me toque vivir. Ven espíritu santo a derramar tu dulce calma en todo mi ser Amén. Celebramos hoy a San Alejo Falconieri y compañeros fundadores de la Orden de los Siervos de María, el Evangelio de San Lucas, capítulo cinco versículos veintisiete al treinta y dos. En aquel tiempo vio Jesús a un publicano llamado Levi, sentado al mostrador de los impuestos y le dijo sígueme él dejándolo todo se levantó y lo siguió. Le vi ofreció en su honor un gran banquete en su casa y estaban a la mesa de con ellos un gran número de publicanos y otros, y murmuraban los fariseos y los escribas diciendo a Urdis Pros de Jesús cómo es que coméis y bebéis como blicanos y pecadores. Jesús les respondió. No necesitan médicos sanos, sino a los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan. Cristo ha venido a llamar a los pecadores. Son ellos los que necesitan al médico y lorosanos. Y así es como dice el Vaticano II. La Iglesia es el sacramento universal de la salvación que existe para los pecadores para abrirles el camino de la conversión, de la curación y de la vida. Esta es la verdadera y gran misión de la Iglesia que le ha sido confiada por Cristo. Dos versículos del Evangelio son capaces de transmitirlos. Algo tan complejo como es la llamada de Dios a un alma y su respuesta. Jesús se acerca a un hombre, le vi o mateo y le dice una palabra, sígueme. Él se levantó y le siguió. Es claro que Cristo no usa muchas palabras cuando desea que un hombre lo deje todo y le siga es la voz de su alma, de su mirada, de su amor, lo que mueven los corazones. Jesucristo nos habla a nosotros en oración y también nos dice pocas palabras. Son pocos los casos en que Cristo se presenta en persona y habla un hombre. Es en el diálogo interior, en la escucha del alma, en la reflexión y militación del Evangelio, en la contemplación de Eucaristía, donde Dios pronuncia su palabra milagrosa, sígueme. Ahí está Jesús diciéndote y diciéndole sígueme nada más y mateo. Deja todo lo que tenía, deja su trabajo, deja su vida, sus planes y sigue a ese joven de treinta años, hijo de un carpintero. Su elección fue decisiva e inmediata. No he puestiona a sí mismo. Se pone directamente acción y para mostrar lo mucho que esta decisión alega a su corazón, invita a Jesús a la mesa para comer con él qué escuchó maedeo para tomar esta decisión. Él, que era rico, ahora sigue un cristo pobre. Sólo será enviado a una misión con un polvo, con un palo perdón de unas sandarias. Ahora echará de menos los tejados, porque el maestro que le sigue no tiene donde apoyar su cabeza. Bateo el recaudador de impuestos debe ahora contar los peces y sus panes que quedarán después del mirar de Jesús, el que no ha dejado de comer y de él vamos sr carlos espigas el sábado en el campo. La vocación de Mateo es bastante desconcertante. Nos enseña algo muy importante, saber, renunciar, dejarlo todo por Cristo Mateo, como haremos hoy, escuchó Sígueme. Él estaba seguro de que esa palabra sonaba diferente a sus oídos. Escuchó y entendió más de lo que escuchó hoy, el señor nos dice la misma frase. Seguidme, Cada uno de nosotros puede dar su respuesta, incluso si creemos que ya hemos respondido a esa invitación. La llamada del señor siempre se renueva. Señor, qué le dijiste a Mateo para que te siguiera tan radicalmente abre mis ojos para que pueda oír y entender esta llamada. No tenemos miedo a dar la misma respuesta de Mateo. Él era un poli y para los judíos de su tiempo, un pecador. Sigamos su ejemplo de conversión y abramos la puerta de nuestra casa, de nuestro corazón, a un gran banquete con nuestro señor, un paquete en el que, sin duda gozaremos de tu presencia, de su presencia, a pesar de lo que digan los demás. No tengamos miedo a ser cristianos, de seguir a Cristo, de convertirnos, de manifestar nuestra fe y gozaremos así de la felicidad que Jesucristo nos proporciona. Una felicidad como la de Mateo, no puedo conformarme convivir para mí mismo y para mis cosas. Dame la generosidad para entregarme incansablemente y hacer todo el bien que esté a mi alcance hazo y una oración especial de agradecimiento a Dios por haberte llamado a la Iglesia. Te doy la bendición Dios, padre misericordioso. Te conceda como el hijo pródigo, el gozo de volver a la casa paterna. Cristo, modelo de oración y vida. Te guía a la auténtica conversión del corazón a través del camino de la Cuaresma. El espíritu de sabiduría y de fortaleza. Te sostenga en la lucha contra el maligno para que puedas celebrar con Cristo la victoria pascual y la bendición de Dios, todopoderoso padre hijo espíritu santo. Te sientes solo sobre ti y permanezca siempre amén