Oración del corazón martes de la trigésima segunda semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo a regalarme tu vida siempre nueva. Lléname del asombro de un niño para admirar el mundo y la vida que no me acostumbre a la vida que me deje sorprender cada mañana, porque detrás de cada cosa está tu amor, Dios mío ayúdame a reconocer que la rutina no existe, porque todo es nuevo cada día, porque siempre hay algo que está comenzando. O la Iglesia celebra a San José Pignatelli, el Evangelio de San Lucas, capítulo diecisiete versículos siete al diez. En aquel tiempo dijo el señor Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor. Cuando vuelve en el campo, Quién de vosotros le dice enseguida ver y ponte a la mesa. No le diréis. Preparadme la cena ciñete y sírveme mientras tanto como yo veo y bebo y después comerás y beberás. Tú tenéis que estar agradecidos y francriado porque ha hecho lo mandado. Lo mismo a vosotros cuando yayáis hecho todo lo mandado decir, somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer. Señor ayúdame a decir y a vivir somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer. Te suplico toda tu gracia y misericordia para poder ser humilde en lo más profundo de mi corazón, para ser digno de presentarme ante ti en esta oración. Los hombres tendemos a convertir en heroico las cosas más ordinarias de nuestro deber. Nos llegamos a considerar a héroes por llegar puntuales al trabajo, por respetar la señal de tráfico. Los niños creen que se merecen un premio por cumplir con sus deberes escolares. Solo estamos haciendo lo que debemos hacer también como cristianos. Se nos presenta esta tentación, aunque represamos así, llegamos a creer que a nosotros le hacemos un favor a Dios cuando rezamos, participamos en la misa dominical, cuando cumplimos los mandamientos. Cristo nos ofrece este mensaje para prevenirnos de esta actitud con la que nos olvidamos de que él nos ha dado infinitamente más de lo que nosotros podemos ofrecerle. Pero Dios no es un amo desputado desconsiderado. No vensemos que al final de nuestra vida, después de haber trabajado y luchado sinceramente, por Dios seremos recibidos en el cielo con un seco y frío solo has hecho lo que tenías que hacer. Eso no tenemos que decir nosotros, pero no lo dirá él. Sus palabras las conocemos. Dirá a quienes hayan vivido su mensaje venid benditos de mi padre y nos sentaremos con Cristo a gozar el banquete eterno tener una actitud de humildad, agradeciendo a Dios todo lo que soy lo que tengo, no por méritos propios, sino por su generosidad. Tengo que entender que exigir con alterería mis derechos, querer acaparar siempre la atención, buscar ser servido. Son manifestaciones de mi orgullo. Señor ayúdame a recordar siempre que solo los humildes y los sencillos de corazón son los que están cerca de ti y pueden poseerte jesús haz mi corazón semejante al tuyo humilde, sencillo alegre. Me encontré esta oración para pedir la humildad, que me gusto y espero que te ayuda a ti dícese, señor Jesús, más soy de humilde desde el polvo. Me sube y me domina esta sed del que todos me estimen de que todos me quieran. Mi corazón es soberbia. Dame la gracia de la humildad. Mi señor vanso y humildes de corazón. No puedo perdonar el rencor me quema las críticas, me lastiman, los acasos, me hunden, las rivalidades me asustan. No sé de dónde me vienen estos locos. Deseos de imponer mi voluntad, de no ceder, de sentirme más que otros aún lo que no quiero ten ido a señor y dame la gracia de la humildad, Dame la gracia de perdonar de corazón, la gracia de aceptar la crítica y acertar cuando me corrijan. Dame la gracia de poder con tranquilidad a criticarme a mí mismo Concédeme la gracia de mantenerme sereno en los desprecios olvidos e indiferencias de otros. Dame la gracia de sentirme verdaderamente feliz cuando no figuro no resalto ante los demás con lo que digo y con lo que hago. Ayúdame, señor a pensar menos en mí y abrir espacios en mi corazón para que los puedas ocupar tú y los demás. En fin, mi señor Jesucristo, Dame la gracia de ir adquiriendo poco a poco un corazón manso humilde, paciente y bueno Cristo Jesús, manso de humilde de corazón. Haz mi corazón semejante el tuyo amén te dio la bendición que el señor esté en tu corazón para que se pasa mal con todo él, que estén tus labios para que abres con fuerza y fe de su resurrección, que esté en tus brazos para que trabaje sin descanso por amor a él y por extender su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que, señor te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que estén tu alegría para que no la pierdas nunca, aunque moltivos tengas y pueda darla a los demás. El nombre del Padre, le hijo y del espíritu Santo Amén