Oración del corazón martes de la trigésima tercera semana del tiempo ordinario. Ven espíritu Santo a regalarme tu vida siempre nueva. Lléname del asombro de un niño para admirar el mundo y la vida que no me acostumbre a la vida que me deje suspender cada mañana, porque detrás de cada cosa está tu amor, Dios mío ayúdame a reconocer que la rutina no existe, porque todo es nuevo cada día, porque siempre hay algo que está comenzando. Celebramos hoy la presentación de Santa María Virgen, el Evangelio de San Lucas. Capítulo diecinueve versículos uno al diez. En aquel tiempo, Jesús entró en Jérico e iba atravesando la ciudad. En esto un hombre llamado zaqueo Jefe le publicaron si ce y Rico trataba de ver quién era Jesús, pero pero no lo lo lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante se subió a un psicómoro, a un psico moro para verlo porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar aquel sitio, levantó los ojos y le dijo zaqueo date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa. Él se dio prisa a bajar y lo vio y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo ha entrado a cospedarse en casa de un pecador, pero saqueo de pie. Dijo al señor Mira. Señor la mitad de mis bienes lo doy a los pobres y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más. Jesús le dijo hoy ha sido la salvación de esta casa. Pues también este es hijo de Abraham, porque el hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Medita lo que el Papa Francisco comenta sobre esta palabra de Dios y Jesús se detuvo. Dice no pasó de largo precipita la uar y lo miró sin prisa. Lo miró con paz, lo miró con ojos de misericordia. Lo miró como nadie lo había mirado antes, y esa mirada abrió su corazón, Lo hizo libre, lo sano. Le dio una esperanza, una nueva vida, como a bazaqueo obartimeo, a María Magdalena, a Pedro y también a cada uno de nosotros. Aunque no nos atrevemos a levantar los ojos al señor él siempre nos mira primero es nuestra historia personal. Al igual que muchos otros, cada uno de nosotros puede decir yo también soy un pecador en el que Jesús puso su mirada. Os invito que hoy, en vuestras casas, en la Iglesia, cuando estéis tranquilos solos, hagáis un momento de silencio para recordar con gratitud y alegría aquellas circunstancias. Aquel momento en que la mirada misericordiosa de Dios se poso en vuestras vidas, su amor nos precede. Su mirada se adelanta a nuestra necesidad. Él sabe ver más allá de las apariencias, más allá del pecado, más allá del fracaso o de la indignidad. Sabe ver más allá de la categoría social de a la que podemos pertenecer. Él ve más allá de todo esto. Él ve esa dignidad de hijo que todos tenemos, tal vez ensuciada por el pecado, pero siempre presente en el fondo de nuestra alma. Es nuestra dignidad de hijo. El ha venido precisamente a buscar a todos aquellos que se sienten indignos de Dios, indignos de los demás. Dejamos nos mirar por Dios, por Jesús. Dejemos que su mirada recorra nuestras calles. Dejemos que su mirada nos devuelva la alegría, la esperanza, el gozo de la vida. Hasta aquí, la intervención de Francisco, de Papa Francisco Saqueo, que era un hombre pecador, se encuentra con Jesús. Pero este encuentro no sucede de manera fortuita, sino que nace de la curiosidad de ese hombre que seguramente admiraba a Jesús en secreto. Al pasar Jesús por Jericó habría mucha gente reunida en con la esperanza de ver cómo era ese profeta el que tanto se oía. Uno de ellos era Saqueo, hombre de mala reputación, ya que se dedicaba a cobrar impuestos y además, era muy rico. Su baja estatura le impedía ver a Jesús. Entonces corrió adelantándose para subirse a un árbol y desde ahí poder contemplar a Jesús en el momento que pasara y al pasar, Jesús lo miró hacia arriba y le dijo zaqueo baja enseguida, pues hoy tengo que hospedarme en tu casa. Él bajó y lo recibió con alegría y todo el pueblo enseguida murmuraba, todo el pueblo murmuraba. Se ha ido a casa de un rico pecador zaqueo dijo. Resultamente, Jesús, señor voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y a quien le haya exigido algo y justamente le devolveré cuatro veces más. Jesús le dijo contestó. Hoy ha entrado el o en esta casa, pues también este hombre era hijo de Abraham, el hijo del hombre, ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. Cuán transformante habrá sido el encuentro de saqueo con Jesús para que este hombre decidiera corregir el rumbo de su vida. Probablemente desde el momento en que saqueo con tanto interés burg Jesús sabía que su modo de actuar no era el correcto y sabía qué conocer a este profeta le cambiaría la vida. Aunque esto tuviera muchas consecuencias. Zaqueo, al subir al árbol, vence el respeto humano pone los medios necesarios para que un encuentro cara a cara con el señor. Para que fuera ese encuentro cara a cara con el Señor, no imagino que Jesucristo. Me imagino que Jesucristo le pediría esperar su casa y bajo del árbol enseguida rápidamente y lo recibió con alegría. Qué actitud tan hermosa la de saqueo que, conociendo sus pecados, acepta al Señor y atiende rápidamente su petición. Todos los cristianos podemos imitar esta actitud de prontitud ante los reclamos del señor y una prontitud alegre, porque no hay mayor motivo de felicidad y de alegría que Jesús nos llame y lo hace todos los días saqueo no podía seguir siendo el mismo. Después de conocer personalmente a Cristo, decide restruir a toda persona que haya engañado, y Cristo, que conoce el corazón de cada hombre, le da una buena noticia. Hoy la salvación ha entrado en esta casa. Lo llamó por su nombre al que era un publicano, un pecador público. La hospitalidad es lo que le salva, o le salvan también la mirada y la voz del señor. O le salva el deseo de ver a Jesús, O le salva su higuera el lugar en el que toca vivir. Jesús come en su casa, quiere compartir la vida a su lado, quiere estar con Saqueo en su intimidad familiar y es ese ño encuentro que no pasa desapercibido para nadie. Cambia la vida de saqueo, la salvación hecha carne llega a esa casa, zaqueo se convierte y decide empezar de nuevo, un nuevo camino, una nueva historia. Hay un dicho que siempre me da paz. Todo santo tiene su pasado y todo pecador su futuro. Es la oportunidad de saqueo para cambiar y soñar con ser santo. Tal vez ahora puedo hacer mejoras cosas depende de él, de su titud. Jesús ya no ha venido a su casa y ya ha venido a su casa y se ha quedado para siempre. La visita de Jesús al alma le cambia para la eternidad, comenta el Papa Francisco en el encuentro humillado de los jóvenes en Karcovia. Jesús, a la vez que te pide ir a tu casa, como hizo gozaqueo te llama por tu nombre. Tu nombre es precioso para él, el nombre de Sakeo evocaba en la lengua de la época el recuerdo de la de Dios. Jesús me llama por mi nombre, que es preciso para él. Quiero comer en mi casa, en mi vida no me pide nada. Su amor es gratuito, quiere venir a mi casa tal y como es Y tal y como soy. Me siento pequeño, como saqueo me subo un árbol dejo que Jesús me llame y se invite a vivir conmigo desde mi guera, desde la realidad que a veces no me gusta. Solo ese encuentro cambiará mi vida ahí donde voy, a donde voy yo y donde yo estoy. Viene a mi pecado, a mi vida indigna a la realidad que no lo acepto. Él puede cambiarme si le dejo entrar. Yo solo no puedo. No dejo que me vea. Tengo las puertas de mi alma cerradas hoy quiero dejar que entre. Dejan darle de comer en mi alma, que venga a mí y me salve imito esa actitud. De pronto tú alegre de saqueo a lo que Jesús nos pide, porque no hay mayor motivo que la felicidad y la alegría que Jesús nos da llama y la hace y lo hace todos los días. Señor Jesús, necesito este encuentro. Contigo en la oración. El ejemplo de saqueo me hace ver que quien te dejo él ver que quien te dejo entrar en mi vida no pierde nada de lo que realmente hace la vida bella, bon y grande. Tu vista abre las puertas de un horizonte inmenso. Ayúdame a hacer la misma experiencia y a no tener miedo de abrirte de par en par las puertas de mi corazón, tuyr la bendición, que señore esté en tu corazón para que prepas amar con todo él, que estén tus labios para que hables con fuerza y fe en su resurrección, que esté en tus brazos para que trabajes en descanso por amor y por entre su reino, que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que el señor Te mostrará, que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no apedas nunca, aunque mochivos tengas y pueda darle a los demás, el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo amén