Oración del corazón. Miércoles de la segunda semana de adviento, ven espíritu Santo entra en mi pequeño corazón para que pueda reconocer la grandeza del Padre Dios y no le diré tanta importancia mi imagen. Regálame una gran sencillez para que reconozca claramente que yo no soy ni puedo ser el centro del universo. Hoy celebramos a la Marte y Santa Lucía. El Evangelio es de San Mateo, capítulo once versículos veintiocho al treinta. En aquel tiempo exclamó jesús venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón. Encontraréis vuestro descanso, porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Comenta este pasaje del Evangelio y Papa Francisco. Estás seguros de que la Virgen María se da cuenta de este cansancio y se lo hace notar enseguida al señor Ella. Como madre, sabe comprender cuando sus hijos están cansados y no se fijan nada más bienvenido, descansa hijo mío después hablaremos. No estoy yo aquí, que soy tu madre, nos dirás siempre que nos acerquemos. A ella y a su hijo le dirá cómo gana no tienen vino. Sucede también que cuando sentimos el peso del trabajo, nos puede venir la tentación de descansar de cualquier manera, como si el descanso no fuera una cosa de Dios. No quegamos en su tentación. Nuestra fatiga es preciosa los ojos de Jesús que nos acoge y nos pone de pie venid a mí. Cuánto estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. Cuando uno sabe que muerto de cansancio, puede postrarse en oración, en adoración y dice y decir basta por el señor y rendíse al padre. Uno sabe también que no se hunde, sino que se renueva, porque al que ha ungido con oleo de alegría al pueblo fiel de Dios, el señor también lo unge. Le cambia su ceniza en diadema, sus lágrimas, en aceite perfumado de alegría, su abatimiento en cánticos. El ser humano busca siempre la felicidad y todos los experimentamos cada día, porque verdaderamente deseamos ser felices. Pero en esta búsqueda nos cansamos fácilmente, sobre todo cuando no vemos ningún resultado satisfactorio. Y eso es bastante común. Nos pasa con frecuencia no ver ese resultado y satisfactorio y convincente. Y en este mundo difícilmente mutaremos algo que nos llene plena y definitivamente nuestras ansias de felicidad, porque Dios nos ha dado un corazón a su medida y sólo él lo podrá satisfacer perpetuamente. Él nos conoce muy bien y sabe lo que llevamos en su interior. Sabe de sobra nuestras limitaciones y cansancios, nuestras flaquezas y debilidades. Por eso nos ofrece un lugar para descansar y recobrar fuerzas para seguir luchando mientras dule esta vida. Ese lugar el mejor del mundo, es el mismo omnipotente creador que se hace refrigerio y alivio para sus criaturas. Muchas veces nos hemos sentido cansados, agobiados, aturados y a puntos de explotar, pero cuántas veces hemos ido a descansar en los brazos de Dios. Cuántas veces hemos ido a encontrar refugio y consuelo en la fuerza del Corazón de Cristo, pero no sólo espiritualmente, sino de mí físicamente, porque él nos ha dado su palabra y él nunca ha defraudado a nadie que se ha acercado y buscado la paz que nos prometió. Al mismo tiempo que nos restauras las fuerzas, nos dejas la enseñanza de que a veces más nos cuesta recordar imitarlo a él, que es más humilde de Corazón. Por qué el señor nos dice que encontraremos descanso cargando su yugo, porque él no piensa ni actúa como nosotros queremos, sino con mos. Nosotros necesitamos, porque el yugo suave es el perdón y es nuestro deber imitar su humilde y su bondad. Si supiéramos que es él quien lleva nuestras cargas, nuestras penas. Nos quejaríamos menos y agradeceríamos más, pues si por nosotros fuera qué merecemos realmente, por qué estamos cansados, qué nos agobia. Lo que más nos puede cansar es nuestra vida, con nuestras limitaciones, pero lo que nos esclaviza es el pecado. El ser humano lleva siempre a su cruz acuestas, pero nosotros mismos lo hacemos más pesada cuando le añadimos el fardo del pecado. Nuestro propio pecado, San Agustín dice al respecto que el trabajar por visto no es cansarse, sino encontrar resposo, porque el mejor trabajo que alibra al hombre es el amor, el de la calidad. San Gregorio Magno una vez escribió que lo que más puede hacer es infeliz de nuestra vida es el querer someternos a la corruptibilidad de las cosas materiales, de las cosas y seres que perecen no y no a Dios nos atormenta la necesidad de tener cosas y luego el temor de perderlas con el señor No es así, pues, acudir a él significa librarnos del yugo de la muerte para tomarnos el yugo de la vida de Jesús, del ejemplo de la humildad y mansedumbre que debe de adornar a todo cristiano. Encontrar descanso en Dios implica también ayudar a otros a encontrarlo. Cristo no invita a algunos a acercarse a él, sino que dice venid todos los estésgal fatigados y todos nos encontramos así. Por eso hay que invitar a otros a acercarse al corazón sacratísimo de Jesús, donde te encontrarán la paz. Busca unos minutos de ración al final del día para poner en manos de Cristo tus trabajos y preocupaciones y para pedirle la paz, del corazón y el descanso para TI y para todas las personas que te rodean. Señor, gracias por querer darme consuelo. No te basta quererme dar el perdón a muchas ni de mis ofensas, sino que también me ofreces alivio, paz, serenidad, descanso y consuelo. No hay nadie tan afortunado que no necesite esas. Gracias de TI. Por eso no rechazo tu oferta, sino que la acepto con corazón. Agradecido. No te canses, señor, de buscarnos ni de darnos el consuelo que buscamos, porque solos no podríamos ni sobrevivir un instante ante las vicisitudes de esta vida. Concédenos poder llegar un día disfrutar del consuelo eterno contigo en el cielo. Te doy la bendición Dios todopoderoso y lleno de misericordia, por la primera venida de su hijo ingénito en la que creemos y por la segunda que esperamos. Os iluminen con su luz y os golme de su bendición en el camino de esta vida. Os haga constantese la fe alegres en la esperanza y activos de la caridad para que celebrando la venida en el tiempo de ser redentor, seáis recompensados con el don de la vida eterna cuando él venga por segundo, la gloria y la bendición de Dios todopoderoso padre, hijo y espíritu santo, desciende sobre vosotros y permanezca siempre amén