Oración del corazón jueves de la tercera semana del viento rey celeste espidio consolador, espíritu de verdad que estás presente en todas partes y lo llenas todo m tesoro de todo bien y fuente de la vida bien habita en nosotros, purífícanos y salvados, Tú que eres bueno. Hoy celebramos San Pedro Canisio, el Evangelio de San Lucas, capítulo uno, versículos treinta y nueve al cuarenta y cinco. En aquellos días, María se levantó y se puso un camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que en cuanto Isabel o yo el saludo o María saltó a la criatura de su vientre, señora Isabel, del espíritu santo y levantando la voz, exclamó bendito, tú entre las mujeres y benito el fruto de tu vientre. Quién soy yo para que me visite esa madre de mi señor, pues en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que ha dicho le ha dicho el señor se cumplirá. Hoy ábamos a la Virgen Santísima en su fe y con Santa Isabel le pedimos también nosotros bienaventura la que ha creído. COI de San Agustín. María concibió antes a Cristo por la fe en su corazón que físicamente en su vientre. María creyó y se cumplió en ella lo que creía. Vedamos también nosotros al señor que nos aumente la fe, que la haga activa y fecunda en el amor. Pidámosle que sepamos cómo ella a coger en nuestro corazón la palabra de Dios y llevarla a la práctica con docenidad y constancia. Este evangelio es un regalo especial de Dios. Se trata de una retrato hermosísimo de la Santísima Virgen. Está pintado con cosas de diez, pero con un vivo colorido magistralmente esbozado en breves y seguras pinceladas resaltan los rasgos divinamente humanos de nuestra madre. Qué bella es María siempre pronta para servir ayudar a otros. No es de almas pequeñas, sino de corazones gigantes. Ese servir nos cuesta a todos. Como le costó a María, tuvo que recorrer enormes distancias por caminus polvorientos hacia las montañas hasta llegar a casa de su pariente, Isabel, y María ya estaba embarazada. María es hermosa en su educación, elegante como una princesa no llega esperando atenciones y recibimientos solemnes. Se adelanta a su pariente y ella es la que la saluda. Primero es la belleza de una personal que pilla siempre los demás. Qué gracia tiene la joven cita María, la llena de gracia, la presencia de María en la casa de amor y Jared ee llena la casa de amor y alegría. Juan no resiste y salta lleno de alegría al escuchar la voz de María, la encantadora voz de la madre de mi señor. Eh ella debe ser la causa de nuestra alegría. Sabemos que la sonrisa sincera es expresión de la felicidad vivida. Qué bella sería la sonrisa de María, una sonrisa corre sus padres cuando le mandaban a la fuente. Eh, una sonrisa bondadosa para Ángel Gabriel, una sonrisa llena de confianza para José, una sonrisa cordial para los que murmuran de su maternidad, Una sonrisa consoladora para el pobre que le pide de lo poco que tenía, Una sonrisa que fue capaz de cautivar al mismo Dios, una sonrisa que fue la primera imagen captada por las pupilas húmedas de bebe Dios. María hizo de su vida un continuo sí sostenido a la voluntad de Dios. Para ella acogió en un silencio humilde la voz de Dios, se puso un camino y comprendió que su vida iba a ser un canto de alabanza. Lo que Dios quisiera para ella en lo cotidiano, en la sencillez de Nazaret. Es por eso porque la santidad consiste en hacer con alegría las cosas cotidianas de nuestra vida. Lo que nos toca ir allí donde nos ha puesto con hubildad de forma extraordinaria, con amor, sin pretender otros escenarios soñados, pero en muchas ocasiones no aceptamos lo que nos toca y nos revelamos como si nos hubiera puesto a jugar un juego que no nos gusta, que nos violenta con unas reglas que lo queremos, sin confiar en ese amor que le puede dar la vuelta a todo y hacer que del dolor surja la vida, hacer su voluntad, amar sin esperar nada, sólo porque así él lo quiere. Es esa actitud de entrega que exige de la gratuidad, generosidad, desprendimiento. Dentro de nuestra agenda llena de compromisos y actos de entrega, hemos dejado espacio para la gratitud, para lo que no es exigible para aquellos gestos de amor o gratuito en estos que no siempre son valorados, apreciados o agradecidos. Son esos gestos no esperados sorpresas regalos. Siempre es bueno y especialmente en ese tiempo de adviento, volver a recordar que nuestra vida nos según juga en el presente de hoy, porque nadie tiene el futuro asegurado y es que, al fin y al cabo, el presente es lo único que tenemos seguro a nuestras manos. Podemos disponer de él y poniendo a lo que hacemos todas nuestras fuerzas o dejarlo pasar sin hacer rada. En un hogar cristiano no puede faltar de hermosa Virgen María que llenan los corazones de amor y verdadera alegría, que suscita sonrisas en todas las almas y que perfuma con su inocente belleza. Este peregrinar hacia el Padre Dios nos concede sabe que si meditamos manos humanas que nos lleven hasta él y él también quiso venir a través de unas manos de mujer que el susto tuvieron a la cedie de la Cruz. Toda su vida. Dios se hizo dependiente del s de María con inmenso respeto que le preguntó el Nazaret y aguardó su respuesta. Su sí cambió nuestra vida y su sidiario. Para cada uno de nosotros. Sigue siendo el milado de traernos a Jesús. Esa decisión marcas su vida y la nuestra. El ángel, entrando su presencia, le dijo alegre llena de gracia, el señor está contigo, Benita tú entre todas las mujeres. Ese torun ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel y el ángel dijo no temas, María, porque has encontrado gracias ante Dios. Las primeras palabras las que el Ángel le dijo a María fueron alégrate, el señor está contigo, no temas, has encontrado gracias ante Dios? Queremos experimentar en este adviento el saludo del ángel, percibir el amor que Dios nos tiene escuchar, que nos quiere con locura la alegría de sus palabras. Nos conmueve. Dios se alegra con nosotros, descansa en nosotros. Nos ha elegido. María nos recuerda no está condición de hijos preciosos a los ojos de Dios. Dios se ha fiado en cada uno de nosotros porque nos ama, porque somos sus hijos predilectos. Al inicio de nuestro viento, el Ángel nos dice estas palabras alégrate, no temas descanssa. Dios está contigo, te ama y quiere venir a tu vida para siempre. No aparta su mirada de ti Queremos aprender a mirar a María para ver a Jesús. Ella siempre nos llevaba estante a su hijo. Abelén ya está en nuestros corazones en medio de este camino. Y todo comenzó con ese sí pronunciado por una niña. El sí de una niña abre las puertas del cielo. La tierra se llena de la luz de Dios, ese sí callado, silencioso oculto. Abre la grieta más grande por la que Dios entra en nuestra naturaleza para ser los ciudaros del cielo. Es el milagro más grande, el milagno más oculto, el más humano, el más divino. Y todo es posible porque derrida nada es imposible para Dios. Dios hace grande lo pequeño y hace realidad nuestros sueños, aunque no lo veamos, aunque no entendamos cómo va a suceder todo. La certeza que vuelve al corazón, al mirar a media es la misma. Dios lo puede todo. María es inmaculada. Lo imposible es posible para Dios. Ojalá, yo hoy sepa sonreír ante cualquier contradicción, ante uno imprevisto un cambio de planes. Hey, quizá estos días y acercanos a la Navidad tengas que hacer en planteamientos personales y dar dar generosamente todo lo que todo lo que querrías quedarte para ti tu tiempo, tu descanso, tus ideas, tus planteamientos. Seguro que si en estos días y miras a María arras de tu casa un hogar alegre y sereno Jesús, María e Isabel supieron maravillarse y alabar te, también fueron testigos de tu llegada a como mesías y se convirtieron en tus apóstoles. Confío en que, con tu gracia, cuando vayas a mi corazón en la próxima nave o, lo encontrarás más preparado, más transformado, porque me esforzaré por adquirir la apariciones humanas que más necesito para aspirar a la santidad. Hoy la antífona de la misa, dice oh Sol, que naces de lo alto, resplandor de luz eterna Sol de justicia. Ven ahora iluminar a los que viven en tinieblas y en sobra de muertes to de la bendición. Que, señores, esté en tu corazón para que sepas amal con todo él, que esté en tus labios para que hables con fuerza y fe de su resurrección. Que esté en tus labios, en tus brazos, para que trabajes sin descanso por amor a él y por entenderá su reino. Que esté en tus pies para que camines por los senderos de la paz, que el señor te mostrará. Que esté en tu mirada limpia para que tus ojos vean a Jesús en los demás, que esté en tu alegría para que no vidas nunca, aunque motivos tengas y pueda cerrar a los demás en el nombre del padre y del hijo y del espíritu santo amén