Oración del corazón sábado de la quinta semana del tiempo ordinario. Toma espíritu santo todos mis orgullos y vanidades y quema todo eso con tu fuego divino. Dame la sencillez de los santos, la alegría humilde de San Francisco de Asís, la generosidad es interesada de Santa Teresa de Calcuta, el amor a la Eucaristía de San Juan Pablo II, el afán de Almas de San José María. Ven espíritu santo y regálame esa profunda sabiduría de la sencillez interior. Amén hoy celebramos a Santa Escorástica de Nursia, hermana de San Benito, el Evangelio de San Marcos. Capítulo ocho versículos uno al diez. Uno de aquellos días, como había mucha gente no tenían que comer. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo me da lástima esta gente y vaya tres días conmigo y no tiene que comer y si los despido a sus casas en ayunas, se van a desmayar por el camino. Además, algunos han venido desde lejos. Le repicaron los discípulos y de dónde se puede sacar pan aquí en despoblado para que se queden satisfechos y les preguntó cuántos panes tenéis. Ellos contestaron siete. Mandó que la gente se sentara en el suelo. Tomó los siete panes, produció la acción de gracias, los partió y lo fue dando a sus discípulos para que los sirvieran. Ellos lo sirvieron a la gente. Tenían también unos cuantos peces. Jesús los bendijo y mandó que los sirvieran también. La gente comió hasta quedar satisfecha y de los trozos que sobraron llenaron siete canastas. Eran unos cuatro cero. Jesús los despidió. Luego se embarcó con sus discípulos y se fue a la región de la almanutada. El codigio de los panes reanuncia a la eucaristía. Se ve en el gesto de Jesús, que recitó la bendición antes de partir los panes y garros a la multitud. Es el vivo gesto que Jesús hará en la última cena. Constituyó el memorial perpetuo del sacrificio redentor en la eucaristía. Jesús no da un pan, sino el pan de la vida eterna. Se adora a sí mismo, ofreciéndose al padre por amor a nosotros. Pero nosotros debemos ir a la lucaristía con esos sentimientos de Jesús, sentimientos de compasión y con ese deseo de Jesús, deseo de compartir. Quien va a Cristía sin tener compasión de los necesitados y sin compartir. No se encuentra bien con Jesús compasión compartir Eucaristía. Este es el camino que Jesús nos indica en este Evangelio, un camino que nos lleva a afrontar con fraternidad las necesidades de este mundo, pero que nos conduce más allá de este mundo, porque sale de Dios y vuelve a él. La Virgen María, madre de la divina Providencia, nos acompaña en este camino. En muchas épocas de la historia, el hambre ha hecho que los hombres pasen penurias y muchos pequeños murían de hambre. Cuánto darían para poder darles un pedacito de pan a sus hijos. No veía nada más que hambre y hambre, Y en muchos países la penura del hambre hambrunas llamamos, ha hecho verdaderos estragos y no sigue haciendo En países del Tercer Mundo. Hoy sucede algo parecido. Muchos hombres frámbrientos y buscan saciarse dando todo lo que tienen. No se dan cuenta de que hay un hombre coyúscula que quiere saciarlos con su cuerpo. Todos buscan desesperados, pero no encuentran nada y lo que come nor es sacia. Por qué buscar en lugares equivocados. Cristo hoy te ofrece su cu b en comida para saciarte totalmente del hambre actual y de la venidera, pero necesitas volver a tomar de esa comida. Si quiere subsistir, por qué no acercamos a él para que nos dé el pan que es hacia Escribes a José María. Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarlos, para dar eficacia a nuestra tarea y nuestro esfuerzo Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra, el pan de vida. Eterna Jesús en lo que Cristía viene a mi corazón para que aprenda a mirar cómo mira a él y aprenda a descubrirlo en los que me rodean. Lo que hay en ese amor humano a los hombres es lo que se da de mi amor a Dios Jesús. Vino quedarse conmigo, vino quedarse en el pan partido. Pero vino quedarse a todas horas de aquellos que me pone delante, que me pone delante para que yo me arraigue cada vez más en su corazón, en los más heridos, en los que han sido partidos, en los que necesitan mi mirada llena de misericordia. Es el único camino. Comulgo como su carne y vi usan su sangre para amar como el ama. Eso me conmueve siempre Ojalá pudiera mirar así la vida. Ver a Dios en todo lo que me sucede en todas las personas con las que comparto, el camino se entrega para que todos seamos uno en el amor, uno en él. Somos un solo cuerpo, en el cuerpo de Jesús, una sola alma, en su misma sangre. Formamos un parte de su pan al beber del mismo vino. Nos hacemos uno Dios, la misma carne, la misma sangre, para que todos sean unos, como tú, o padre, estás en mí y yo en ti que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú enviaste solo Haciéndolo así puede crecer en mi corazón el deseo de corromperme por otros. Cuando me siento uno en Cristo, cuando empiezo a sentir con otros, como siente Jesús, esa comunirs la que deseo para que otros tengan vida, para que otros vean cómo nos amamos. Mientras tanto, no me canso de comulgar María. Me abre el corazón de Jesús. Al comulgar lo, hago unido a María, Ella abre la puerta para que Jesús entre. Quisiera construir la unidad de mis manos, con mi vida, con mi corazón. Me cuesta tanto unir. Es muy fácil separar, dividir, poner distancia entre unos y otros. Me alejo de los que no son como yo. Hoy, muchos cristianos no reflejan el amor de Jesús. Yo tampoco lo muestro cuando caigo en la crítica, en el desprecio, en el juicio, cuando mis obras no son las de Jesús ni mis sentimientos. Cuando, en lugar de unirse paro divido, creo distancias. Quiero construir puentes en lugar de muros. Es la única forma de unir en la diversidad, un milagro de pentecostés, un milagro del pan único y partido en cada Eucaristía, Señor no podré hacer el milagro de la multiplicación de los panes, pero sí puedo multiplicar con la ayuda de tu gracia que recibo locristía, mi caridad y mi amor por los demás, tratar con delicadeza, respeto y amabilidad, con múltiples detalles a todas las personas que pongas en mi camino, empezando por mi propia familia, es el fruto que tu presencia en mi vida puede llevar a cabo. Doy de la bendición que la bondad y la misericordia de Dios, Padre, te llene en el corazón, que la vida de amor de Dios, hijo, penetre en tu alma y te purifique de cualquier inquietud y falta que te pueda separar de Dios, que el amor de Dios Espíritu Santo te concede la paz que necesitas, que la ternura de María, madre de Dios y madre nuestra caricia y proteja, y que la fortaleza y se encide de San José en su padre y señor de condujar al cielo y la bendición de Dios, padre, hijo y espíritu santo, diciendo sobre é y y permanezca siempre amén